Patricio Manns y el pago de Chile

Domingo, 03 de octubre de 2021

A MERCED DE UN GOBIERNO QUE LE TEME A LA CULTURA POPULAR

Patricio Manns, sin duda, es uno de los más grandes creadores que ha tenido  Chile, a la altura de un Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Violeta Parra, por decir lo menos. Prolífico creador, multifacético, en las más diversas disciplinas del mundo de la cultura (Poeta, ensayista, historiador, novelista, cuentista, cronista, periodista, y músico, entre otros). Sus composiciones musicales abarcan más de 500 creaciones. Es un creador reconocido, no sólo en el ámbito nacional, sino también mundialmente, sobre todo, por sus creaciones musicales, las que han sido interpretadas por destacados grupos musicales en los más diversos países del mundo, y coreadas a la vez por grandes multitudes más allá de nuestras propias fronteras. Eun artista de enorme estatura, sus canciones han traspasado las fronteras generacionales, culturales y sociales. Sus composiciones, en las más diversas situaciones, se entonan casi inconscientemente adquiriendo  en el colectivo social vida propia, pasando a formar parte de nuestra memoria musical.

Sin embargo, a pesar de todo el reconocimiento del público, tanto nacional como internacional, ha sido víctima del mal pago del Estado de  Chile, así como lo fue también nuestra insigne poetisa Gabriela Mistral. A saber, el Estado de Chile ha   tomado por costumbre de reconocer tardíamente a los creadores populares, en algunos casos, y en otros de no reconocerlos abiertamente.

El caso de Patricio Manns es muy sui generis sobre este último aspecto. En los dos últimos años  ha sido promovido por el mundo cultural al Premio Nacional de Música, y las dos veces le ha sido negado, pese a tener los méritos más que suficientes que cualquier otro creador que ni siquiera meridianamente pudiera llegarle a sus tobillos.

El año pasado, por ejemplo, se le otorgó el Premio Nacional de música a Miryam Singer, que además de ser cantante lírica soprano es gestora, productora  y diseñadora responsable de proyectos en torno a la escena operática nacional, méritos que hace resaltar la actual Ministra de Cultura Consuelo Valdés, que entre otras consideraciones, no es muy apreciada dentro del mundo de la cultura popular, pero si aceptada como tal, dentro de una reducida élite cultural burguesa cuyas repercusiones no se dejan oír más allá de los eventos que se dan en el Teatro Municipal de Santiago..

Y no es que deje de menospreciar a ese mundo de la cultura, en tanto me considero un empedernido melómano, gracias a la herencia cultural que recibí desde pequeño por parte de mis padres. No, no se trata de hacer reñir a la música  del cancionero popular con la cultura del género operático. No se trata de eso,  sino que considero que para un Premio Nacional de Música debe primar como mérito principal el de ser “creador”  antes que de puro intérprete, o para el caso, de mero intermediador dentro del mundo del eventismo.

Digámoslo, sin caer en prejuicios, dentro de la amplia esfera de la música, en Chile, ¿Quién conoce a esta soprano, que dentro del mundo de la música no es creadora sólo intérprete, además de estar en el centro  de un mundo eventista cultural destinado a ser recepcionado dentro de un reducido círculo melómano muy exclusivo? Para mi gusto, para un Premio de esta naturaleza debe estar en primer plano la “Creación” (Eso es el arte), antes que la pura interpretación o centro de difusión, entre tantos otros caracteres del puro eventismo.

Pero esto no para ahí, el año antes pasado, también dentro del mundo cultural Patricio Manns había sido promocionado para ese Premio Nacional. ¿Y qué pasó?. Bueno, un más de lo mismo, se le otorgó, ahora sí, a un creador dentro del mundo del clasisismo. Leo una larga lista de creaciones, pero dudo que alguien conozca, ni tan siquiera, una sola de sus creaciones, salvo para un círculo muy reducido que dudo  llegue más allá, como mucho, de un par de cientos, entre un mundo de 20 millones de chilenos. Como dato adicional, creador y todo, un músico que hemos sabido de nombre Juan Allende-Blin, que se encuentra radicado desde el año 1957 en Alemania. ¿Lo conocía alguien acá en Chile? Francamente, lo dudo, salvo una reducida élite dentro del mundo de los amiguis, que se da muy frecuentemente, incluso, dentro del mismo mundo de la meritocracia cultural.

Por último, para este Premio, considero que se debe tomar en cuenta el propio enunciado que se lee a la letra en la misma página del MINCAP ((Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio):

 “El Premio Nacional es el máximo reconocimiento que otorga el Estado de Chile a la obra de chilenos que, por su excelencia, creatividad, aporte trascendente a la cultura nacional y al desarrollo del saber y de las artes, se hagan acreedores a estos galardones.”,

Para mi gusto, de este enunciado principal, subrayo para el premio sobre la música los dos términos que le son plenamente atingentes: “creatividad” y “aporte trascendente a la cultura nacional”

Deduzco de este enunciado, que para el caso del premio Nacional de la Música,  Myriam Singer no es creadora, ni la obra de Juan Allende Blin, ha cumplido con la premisa de ser “un aporte trascendente a la cultura nacional”, en cambio, Patricio Manns si ha cumplido con estos requisitos,  que le son propios para haberle ameritado el Premio Nacional de Música.

Hay una Comisión que decide el otorgamiento de estos premios, cuyos nombres conocemos pero no sabemos cómo votaron cada uno de ellos y, en lo principal, cuales serían sus argumentos para otorgar el galardón en un caso, y el negársele a Patricio Manns doblemente en otros.

En orden a la transparencia que cada vez más la sociedad está exigiendo a nuestras instituciones, sería un gran aporte a los aires democratizadores, que las argumentaciones y decisiones de los miembros de esta Comisión, sean públicos y no queden encerrados en el secretismo, que lo único que hace es hacer caer en la tentación a sus miembros en decidir en función del amiguismo

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