Violeta Parra: La irrespetuosa y asimétrica

Sábado, 25 de diciembre de 2021


¿Comencemos con un juego? Le invito a escuchar música de la gran Violeta Parra con un sólo objetivo: «llevar la música con la patita» o, si lo prefiere: aplaudiendo para llevar el pulso. 

Lorenzo Cornejo Jara / resumen.cl

Escuche/aplauda la siguiente canción Arriba quemando el sol, para esto, dejaré las partes destacadas:

Ayuda:

Cuando fuí para la pampa

llevaba mi corazón

contento como un chirigüe

pero allá se me murió…(etc.)

Ahora sí, ¿cómo le fue? ¿Vamos a la próxima canción? Escuche/aplauda Adiós corazón amante, ¡ojo en el coro!, hay que agregar un aplauso en el signo (+):

Ayuda:

Di…í(+)…le  al  cielo  que  no  muera  (+)  (+)

¡a…ay(+)  hasta  que  te   vuelva  a  veer  (+)  (+)

¡Uf!, discúlpeme si no he sido muy claro, es probable que escuchando le resulte más sencillo que mirando la «ayuda» que ofrecí, ¡¡pero!! basta de cosas, llegó la hora de la verdad…vamos al penúltimo nivel (el nivel final, lo dejaré para el final). ¿Estamos? Por favor, escuche/aplauda la canción Cantaron los pajaritos:

¡¡Ayuda!!

Can…taron   los  (+)   pa…(+)…ja…ritos

y  en  esa   fe…(+)…liz  (+)  fortuna

y  en  esa   fe…(+)…liz  (+)  fortuna  (+)  (+)  (+)  (+)

¿Qué le pareció? Entretenido, ¿no? La música de Violeta tiene muchas complejidades que podemos explorar, pero especialmente la característica que veníamos jugando (la de llevar un/os pulso/s, «ritmos», «patrones», etc.) es una que puede dejar una sensación algo extraña, como la de que «falta o sobra algo», e incluso, de seguro algunos/as harán sus propios «ajustes» o «versiones».

«Una métrica muy rara»

Cuando hablamos de métrica, hacemos referencia a la medida (metro) dentro de una obra, así, las canciones que probablemente más conocemos están en métricas regulares o estables. Por ejemplo, un vals en 3/4 o alguna canción de pop o rock en 2/4, tienden a mantener esta medida, para hacer de su música algo «más constante o estable» para el auditor. 

Sin embargo, también hay música polimétrica (varios metros paralelos) y heterométrica (diversos metros) que puede resultar muy novedosa para el oyente, por ejemplo: la Danza de los adolescentes (Les augures printaniers) del famoso ballet La Consagración de la primavera (1913) de Stravinski o, como ya lo advertimos, muchas músicas de la propia Violeta.

Si no ha quedado del todo claro la diferencia de entre estos conceptos: música métrica, heterométrica y polimétrica, probemos este juego, que ciertamente lo aprendemos por enseñanza oral:

De seguro puede que no sea exactamente la versión que usted juega/jugó/deseó jugar, pero a priori podemos decir que coincide con un pulso estable en dos momentos, veamos:

Frutillita,

a comer,

mermelada

con tostada…

Luego de esto, sigue la siguiente estrofa – no muy infantil que digamos – que destaco con el pulso correspondiente en negrita:

Anoche fui a una fiesta,

un chico me be (+)

le di una cachetada

y todo se aca (+)

(…)

La singularidad de este juego, es que cuando comienza esta estrofa (y otras) que, como se ve, tienen cuatro momentos por verso (cuatro en el primero, cuatro en el segundo si se agrega el (+), y así…), en paralelo se hace un juego de manos que va en tres pulsos: 1) se chocan las manos frente al compañero/a, una hacia arriba y la otra hacia abajo (de frente el/la compañero/ lo hacen de forma inversa); 2) se cambia en la dirección contraria el movimiento (nuevamente inversa el/la compañero/a) y 3) se aplaude juntando ambas manos.

En este juego hay A) regularidad: toda la estrofa de Frutillita, se mantiene estable; hay B) irregularidad (Heterometría): cuando se aplauda y se pasa de Frutillita a Anoche fui a una fiesta; y finalmente, hay C) varios metros paralelos (Polimetría): 4 pulsos cantados/hablados y 3 pulsos percutidos/aplaudidos.

Violeta Parra en sus palabras

Fotografía extraída de Violeta Parra en sus palabras

Violeta: la irrespetuosa y asimétrica

Comprendido lo anterior, es interesante leer la opinión del fallecido Premio Nacional en Música (2016) Vicente Bianchi, sobre Violeta en La Tercera: 

Nos topamos un día en la costa. (…) Ahí me dijo que tenía ganas de grabar algo con orquesta y yo le dije que encantado, pero que iba a tener que empezar a respetar los tiempos. Porque la Violeta tenía una métrica muy rara para cantar y tocar. Muy difícil de seguir. (…)» (lo destacado en negrita es nuestro)

Es interesante que el músico de La Reina, haya considerado esta característica como una señal de respeto a los tiempos…quizá, ahora podemos decir que Violeta trasciende tanto los tiempos musicales, como los tiempos humanos ¿no?…

Retomando lo anterior, es posible establecer dos antecedentes al respecto: por un lado, la música radial y televisiva que vivió Violeta, siempre ha buscado llegar a más audiencia y, para ello, la música tiene que conmover, atraer, cautivar, conquistar, capturar… (¿dominar? …mejor dejemos a Th. Adorno para otro momento). Con todo, la música «debe mover la patita», como lo hacen muchas canciones de la radio, la televisión, las escuelas, en diversas iglesias, las propias canciones navideñas, o de cualquier fiesta, en marchas militares, etc. «La música debe pegar» y claro, Violeta pegó mucho en su momento, de hecho, su primer «hit» fue La Jardinera (1954) y, para los hedonistas de la simetría y el respeto por los tiempos, fue y es una música muy regular, como Arriba quemando el sol (1961-63) o Run run se fue pa´l norte (1966). Pero, además de esas canciones, Violeta tiene música que escapa de la regularidad en muchos sentidos: Anticuecas para guitarra (1957), El Gavilán (1957), Adiós corazón amante (1958), Tres cantos a lo divino (1956), Ausencia (1956), Dónde estás prenda querida (1956), A dónde vas jilguerillo (1959), El pueblo (1960), Cantaron los pajaritos (1962), En los jardines humanos (1961-63), Maire yo le digo adió (1965), ¿Qué dirá el santo padre? (1965), Gracias a la vida (1967), entre otras.

No obstante, la influencia campesina que recibió Violeta, en sus múltiples viajes de investigación (que concluye con la publicación de sus Cantos Folklóricos Chilenos y sus primeros discos), además de las canciones que aprendió en su niñez y adolescencia con su madre Clarisa Sandoval, dan testimonio de ciertas músicas que, por muchos motivos (sin descartar los estéticos/éticos…es decir, por motivos ideológicos), tienden a quedar más en la periferia o desplazadas, entre otras cosas, «porque no mueven fácilmente la patita». Este punto ha sido estudiado por el propio Rodolfo Norambuena y algunos de sus estudiantes, destacando la tesis de la folclorista maulina Magdalena Espinoza Rojas y Jorge Navarro Lizama, sobre la heterometría y polimetría del folclor musical en Chile. 

Volviendo a Violeta, lo destacable en este punto, es su forma de tocar la guitarra, su acompañamiento o, como diría la propia Violeta: el toquío. En esto, la cantora chillaneja es una especialista, y podemos incluirla con otros reconocidos exponentes que hicieron de la Heterometría y polimetría parte de su obra (por ejemplo, en compositores como Stravinsky y Bartók, o para los rockeros en Tool, o en algunas obras de Patricio Wang, entre otras tantas músicas experimentales y contemporáneas).

Para cerrar

Además de lo señalado, la música de Violeta tiene otras múltiples posibilidades de análisis, brevemente podemos indicar que: algunos han estudiado la influencia de cierta música mapuche (González, Juan Pablo 1993), otros han centrado su mirada en posibles representaciones sociales y culturales de su obra (Osorio, Javier 2005), también hay quienes se abren a una mirada sobre su trabajo más experimental (Oporto, Lucy 2013), y de quien me he servido, principalmente, para este trabajo, la investigación sobre estas y otras características musicales de Violeta Parra (Norambuena, Rodolfo 2015).

Por supuesto, todo lo antes dicho, genera un debate no menor respecto a los posibles análisis y resultados investigativos de los especialistas, ante una artista que, desde una vereda distinta a la tradición musical escrita (entiéndase por ello quien tiene alguna formación musical académica), crea sobre su música. Dicho de otro modo, la música de Violeta es heredera de la transmisión oral: lo que implica el contacto y relato vivo con las/los cultores, pero sobre todo, una formación y comprensión de la música distinta (una trayectoria distinta) a la académica y a ciertas músicas industrializadas que, por cierto, tiende justamente a encuadrar o respetar los tiempos. Violeta, en ese sentido, también fue irrespetuosa y asimétrica.

Con todo, cualquier conclusión que se establezca sobre la música de Violeta Parra, está siempre al alero de nuestras especulaciones teórico-musicales, de las que podemos apoyarnos para llegar a ciertas conclusiones con nuestros inevitables intereses creados, el mío es uno y claro: seguir escuchando y reivindicando la música de Violeta, una mujer admirable tanto por su obra como por su trayectoria. Ahora sí, podemos decir que efectivamente Violeta Parra, trasciende los tiempos musicales y humanos, por compases y generaciones.

¡¡Final de finales!! Sin más preámbulos, escuchemos/juguemos con Atención mozos solteros (1959), ¡disfrute!

Lorenzo Cornejo Jara (1989)

Profesor de música (UMCE, 2011) y actualmente candidato a Magíster en antropología sociocultural (UCHILE, 2022). Ha desarrollado una incipiente carrera como compositor de guitarra solista, destacando en sus trabajos: Trasandinas para guitarra sola (publicada por Ed. Cadenza y Luis Mancilla, 2018), Post-suite (por Danilo Cabaluz, 2019), Sugerencias de un huayno (Dúo Mayr-CelisCatalán, 2019), Reimpresiones de un huayno (por Shinki Ikeda y Alexis Vallejos, 2021), entre otras.

Fotografía de Violeta Parra extraída de cultura.gob.ar

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